

La integración sensorial es un proceso neurobiológico que ocurre en el sistema nervioso central (SNC). El cual se encarga de organizar las sensaciones internas y externas. Esta información es captada por los sentidos del cuerpo.
Si imaginas un día lluvioso, en el que vas caminando por la vereda. Necesitaras estar atento a los autos, la lluvia, el agua acumulada en la vereda y las personas que van caminando.
Para esto necesitas estar alerta y que tu sistema nervioso pueda procesar toda la información sensorial vista, audición, movimiento, tacto para poder responder de forma adecuada a esta situación. Es decir, todas las personas estamos diariamente procesando e integrando información sensorial de los sentidos.
Para que esto ocurra es necesario poder modular las sensaciones, poder graduar y organizar la intensidad de los estímulos; para responder de forma adaptada a las demandas de la situación.
Sin embargo, cuando existen dificultades en la integración sensorial debido a que el sistema nervioso, no es capaz de interpretar y organizar adecuadamente las informaciones que recibe, pueden presentarse problemas en la participación social, regulación de la conducta, del afecto, del sueño y/o de la alimentación.
Un ejemplo de dificultades sensoriales afectan la conducta se pueden observar que los niños que pegan, muerden, que presentan hiperactividad, que no pueden permanecer en la fila, estar sentados y acercarse a otros, esto puede estar relacionado a la poca o mucha información táctil que se recibe y/o a la falta de información propioceptiva que puede generar la búsqueda constante de esta información en el ambiente pues “el exceso de actividad es una reacción compulsiva a las sensaciones que el niño es simplemente incapaz de anular y de organizar” (Ayres, 2008) haciendo que produzcan estos comportamientos inadecuados dentro del salón de clases.
Otro ejemplo común que se observa en el jardín, son niños con dificultades sensoriales manifestadas en su falta de tolerancia a los sonidos de la clase de música o temerosos antes los sonidos inesperados, todo esto puede generarle confusión y afectar su capacidad de atención en el desempeño de una tarea, hasta interferir en su interacción social dentro de ambientes muy ruidosos y abrumadores, debido a que la sobreestimulación altera su funcionamiento.
Por lo cual, si tu niño con frecuencia presenta problemas de conducta, sensibilidad excesiva o poca sensibilidad al tacto, sonidos, olores o texturas de los alimentos podría ser conveniente realizar una evaluación para determinar si es necesario un tratamiento específico o puede beneficiarse de una dieta sensorial.



Evaluación Global del desarrollo infantil.

La implementación de un sistema integrado de evaluación, a partir de una comunicación constante y fluida entre los profesionales de las áreas intervinientes, aporta los siguientes beneficios:
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El Trastorno del Espectro Autista (TEA) se define como la dificultad persistente en el desarrollo del proceso de socialización (interacción social y comunicación social), junto con un patrón restringido de conductas e intereses, dentro de lo cual se incluyen restricciones sensoriales. Su diagnóstico se puede realizar a cualquier edad, siendo de vital importancia una detección precoz de los primeros signos, pues se han demostrado grandes beneficios de la intervención temprana, desde los 0 hasta los 6 años y que puede marcar significativamente el destino de la calidad de vida de la persona con TEA.


